En Sevilla las últimas corporaciones municipales no han contado con una planificación ordenada y sensata en el desarrollo urbanístico, ni con un adecuado control de ejecución de obras en el viario público, lo que sufren los sevillanos especialmente a día de hoy (lamentable entoldado de la Avenida de la Constitución el año pasado y ausencia este verano, retraso en el proyectado para el puente de San Telmo, pésimo adoquinado y solado de calles y plazas, realización de alcorques posterior a la finalización de los trabajos de repavimentación de calles, … por la denuncia pública de los vecinos). Se permite además que los verdaderos planificadores urbanísticos sean los grupos inversores, dando así vía libre a la sobreexplotación privada.
Urbanismo ciudadano frente a los lobbies. Recuperación del control del suelo público para que el diseño de la ciudad lo decidan los vecinos y expertos, y no los fondos de inversión internacionales, como ha sucedido y sucede en las plazas de la Magdalena y la Concordia.
Adecuada fiscalización de las obras públicas. Control riguroso en el desarrollo de las reformas del viario para evitar retrasos eternos, ejecuciones defectuosas, materiales inadecuados o de baja calidad. Establecimiento de cronogramas que impidan el caos en movilidad y otros perjuicios para los residentes cuando se ejecutan obras, como viene sucediendo desde hace unos meses en la zona de Puerta Osario y accesos al centro desde la misma.
Control estricto de los proyectos urbanísticos para que los proyectos de cambio de uso del suelo no perjudiquen el descanso y la movilidad de los residentes y no supongan un menoscabo en las necesidades de equipamientos públicos en los barrios.
Oposición a los pelotazos urbanísticos, como los que acechan al Barrio Portuario o los espacios naturales de la Dehesa de Tablada, el Cortijo del Cuarto o las Lagunas de Sevilla Este.