Sevilla ha perdido calidad de vida. Se ha convertido en una ciudad inhóspita, más cara, más sucia y ruidosa (se alienta y favorece la cultura del ruido), con un modelo turístico -único sector económico que contemplan- basado en la masificación y la despersonalización de la urbe, que genera una pérdida de usos e identidad en la ciudad. La multiplicación de Viviendas de Uso Turístico por nuevos barrios no frena el inmenso problema del Casco Histórico y su expansión por barrios adyacentes, sino que convierte cada vez a más zonas en un invivible Parque Temático en el que la proliferación sin límite de Apartamentos Turísticos y de Hoteles son una verdadera lacra que expulsa, maltrata y obstaculiza el derecho a la vivienda.
Se pierde el comercio tradicional. Se dificulta enormemente el acceso a la vivienda (sobre todo por el nocivo efecto de la transformación de los usos residenciales para alojamientos turísticos). Se abandona el cuidado de muchos barrios, desviando servicios municipales hacia las zonas más focalizadas al turismo, lo que no hace sino aumentar la distancia entre los sectores de la ciudad y las desigualdades entre ellos.
No estamos en contra del turismo en sí, sino de este modelo de turismo masivo que se nos impone y que degrada la vida de la ciudad y de sus habitantes.
Para frenar esta situación implantaremos una moratoria inmediata de alojamientos turísticos: paralización inmediata de nuevas licencias para Viviendas de Uso Turísticos (VUTs), Apartamentos Turísticos (ATs) y Hoteles y retorno al uso residencial de aquellos que primeramente lo tuvieron. Reforzar el personal de inspección técnica para control y vigilancia.
La implantación de una medida como la tasa turística se plantearía como una acción posterior a la reducción de alojamientos turísticos, en particular VUTs y ATs, y no como una alternativa para mantener el modelo de turismo masivo. Dicha tasa sería destinada, además, a sufragar los gastos en servicios públicos derivados del turismo y no a la promoción del mismo.
Diversificación económica de calidad. Impulsar sectores empresariales de alto valor añadido para que el talento local no tenga que emigrar, apartándonos del monocultivo del sector turístico.
Desarrollar un plan de protección del comercio tradicional con el objetivo de proteger el tejido comercial de toda la vida frente a la proliferación de franquicias, tiendas de souvenirs y locales enfocados exclusivamente al turista, en el que se contemplen medidas fiscales y de apoyo.